Agua

Sumergirse en el agua es fundirse con ella, con el hálito de un viento que no sopla. Solo has de dejar que el líquido te acaricie y te envuelva como una segunda piel, penetrando por tus poros, adaptándose a tu cuerpo como si quisiera poseerlo. La forma aerodinámica que eres se prepara para volar. Un paso, dos… y saltas. Y en vez de ascender te precipitas con la incertidumbre de un suicida… Brazos por alas, piernas como cola de pájaro, ojos clavados en un horizonte de libertad. Así surcamos un cielo denso que ralentiza la realidad y avanzamos por el lento transcurso de los sueños conteniendo el aliento. Nos convertimos en seres etéreos, en jinetes a lomos de una fantasmal brisa húmeda que borra las lágrimas adheridas a nuestras mejillas desde el origen del tiempo. Desde que aprendimos a respirar para no morir. 

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Criaturas

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A veces caemos en nuestras propias trampas, con ayuda de otros o solos. Ilusiones, expectativas, desengaños, sueños frustrados… con todos ellos tejemos una alambrada que nos envuelve, que hunde sus afiladas puntas hasta adentro. Y cuando el mero hecho de respirar se torna doloroso y necesitamos escapar de nuestra cárcel, arrancamos los alambres… pobres idiotas. Creemos que así seremos libres, pero lo cierto es que al hacerlo nos rasgamos piel y alma, dejamos a la vista el infierno que portamos en el interior y solo logramos escapar a medias. Las cicatrices y los restos de pasado nos acompañarán siempre para recordarnos el sabor del abismo y para poner más peso sobre nuestras alas. Aun así, conseguimos alzar el vuelo y escapar a cielos más propicios… Nosotros, criaturas maravillosas e imperfectas.
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Des-Amor

¿Será posible “des-hablar” las palabras que le dedicaste a alguien durante un tiempo casi infinito? ¿Y “des-acariciar” su piel, que tantas veces recorriste como si fuera un mapa en el que buscabas tu destino?

“Des-amarlo” sería entonces la única forma de invocar una marea de olvido sobre su rostro para lograr borrarlo de la intacta arena de tu memoria. Habrías de aprender a “des-esperar”, a abandonar toda ilusión de compartir un mundo que no es lo bastante grande para abarcar vuestras sombras. 
Solo así, obliterando palabras, caricias, amor y esperanza tendrías alguna posibilidad de sobrevivir en una maraña semántica a la que, en ocasiones, resulta imposible encontrarle un sentido.

Sueño

Cuando la oscuridad cubre sus ojos, la luz invade su mente y comienza a recrear escenas que la arrastran de vuelta a la vigilia. Se le ocurre que debería existir un botón de desconexión para el pensamiento. Tras dar mil vueltas llega la revelación: arriesgaría toda la eternidad por apoyar una vez más la espalda en su pecho y sentir cerca su calor, su olor. Por notar ese aliento tibio en la nuca y empaparse de su aroma a alma conocida, de su calidez carente de palabras. El mundo sucumbiría al olvido y el peligro del abismo se pospondría aunque solo fuera un poco más. Y dormiría, por fin, seis, ocho, diez horas seguidas, sin pesadillas. Quizá de esa forma sería capaz de retornar a sí misma, a quien era antes de aquel tiempo oculto tras un recodo en la memoria. Y durante esas horas robadas a la muerte convergerían pasado, presente y futuro bajo el hechizo del sueño. Solo así podría abandonarse en manos de la noche con una sonrisa en los labios.
Photo credit: Raul Garré via Foter.com / CC BY-NC18033463_1403300433079796_2744361927203591974_n

Concurso de novela Tagus

Estamos metidos de lleno en el concurso de novela Tagus (la Casa del Libro). Esta semana concluye la última fase, después de la cual los cinco finalistas pasarán ante un jurado literario. Este decidirá cuál de ellas se lleva el premio de publicación en papel y digital. El Sendero de la Palabra va en cuarta posición, por lo que es previsible que lleguemos a esa final en Madrid el día 4 de abril. Si quieres leer los dos primeros capítulos no tienes más que pinchar en el siguiente vínculo, registrarte y descargarlos… ah, y votar si te gustan. 🙂

https://www.tagusbooks.com/operacionTagus?idObra=1100