Noches de tormenta 

La tormenta lleva consigo su propio viento, emisario de dedos poderosos que agitan las hojas en las copas de los árboles. Después llega el susurro de la lluvia, que alivia la oscuridad con destellos de plata. Hasta que la voz del trueno resuena entre los recovecos del tiempo, con el eco de mil cielos antes poseídos por su negrura. Su portentoso avance va descargando miedos y sonrisas por los rostros de niños y ancianos, de suicidas y supersticiosos. Queda en suspenso la respiración de todos ellos mientras cuentan los eternos segundos hasta el siguiente rayo. Y cuando sus bramidos por fin se extinguen, dejan en nuestros sueños los rastros de otros mundos, de otras vidas. En noches de tormenta todo puede suceder.

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Esperanzas

La paz de la mañana aún permite imaginar un día lleno de esperanzas. Derrama un sendero de luz por el que caminar hacia lo que depare el futuro. Todo es posible en las horas que la brisa del tiempo ya comienza a deshilachar. 

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Memoria

La extrañeza de los lugares conocidos, con su halo inconfundible de familiaridad alterado por las vivencias acumuladas durante décadas de ausencia. Aquello que no parecía importante entonces, las personas, los objetos a los que no presté atención… todos ellos cobran vida ahora ante mis ojos. Me acostumbré a mirar sin ver, a dar por sentados los rasgos de rostros que me acompañaban, los paisajes cotidianos que servían de trasfondo a mi existencia. 

Hoy camino por las calles de mi niñez preguntándome si con los años seré capaz de aprender a mirar, a atesorar recuerdos de manera consciente, a escribir los detalles que verdaderamente importan en la pizarra de la memoria. Y si podré mantener esta a salvo de la mano del tiempo.

Ausencia

Transformarse para convertirse en viento, en lluvia, en las nubes mutantes que protagonizan los sueños de aquellos que son capaces de ver más allá de esta realidad.
Transmutarse en seres alados y ligeros, en un velo sedoso que dance por el cielo embarcado en tormentas o en suspiros que escapen de pechos enamorados. 

Pasar a formar parte de la tierra, renacer en la sabia de los árboles, susurrar palabras en la lengua de sus hojas cuando las mece la brisa. 
No ser sino presencia invisible, aroma a días felices. 

No ser sino en ausencia. 

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Miradas

No hace falta ser poeta para expresar que una mirada tiene el poder de estremecerte, sin que seas capaz de recordar el color de esos ojos que te contemplaban. Verde, azul o marrón se difuminan como un velo transparente que te abre paso hacia el corazón mismo de quien te mira durante un segundo eterno.  No es necesario ser un dios para conocer la sensación exacta que experimentarías al viajar en el tiempo; el aliento cálido que escapa de unos labios puede transportarte a los confines del universo con tan solo rozar tu piel, con que apenas intuyas su tacto. Así de fugaz e intenso puede ser el primer instante en el que dos almas similares se cruzan. 
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Ahora

Paladeo café sorbo a sorbo mientras mis ojos buscan la escurridiza silueta del viento tras el cristal. La música traza con fantasmales dedos la danza de las hojas en los árboles bajo una luz que se diría de cielo irlandés. El momento perfecto existe.

Aviso sobre política de protección de datos

Hola, amig@s:

Imagino que estaréis hart@s de recibir notificaciones de este tipo durante las últimas semanas, pero como estamos obligados a adaptar nuestros blogs al nuevo reglamento no tengo más remedio que bombardearos yo también. Lo haré breve. Simplemente quería comunicaros que cuando entréis en Senderos de Memoria os aparecerá una notificación sobre las cookies para que estéis debidamente informados. Además, he añadido dos páginas al menú, una sobre Política de Protección de Datos Política de Protección de Datos y otra sobre Política de Cookies Política de Cookies.

Quiero agradecer desde aquí a  Lídia Castro Navàs (El Blog de Lídia) por su ayuda en el proceso de actualización. Una gran compañera de espacio virtual.

Y mil gracias a tod@s vosotr@s por seguir subscrit@s a mi blog. Un abrazo fuerte.

Decidir

Al otro lado de la vida nos espera el final de la estela que hemos seguido incansables. Con solo extender los dedos atravesamos un muro borroso, denso, formado por remolinos que giran ante nuestros ojos como nubes de tormenta.

Un pequeño esfuerzo para insertar el cuerpo entero, sintiendo la opresión de un útero invisible y escurridizo que nos deposita en ese mundo ajeno. Al aterrizar percibimos el aliento del destino sobre nuestros párpados cerrados.

Y toca decidir…

Elegir entre abrir los ojos o aguardar en silencio el pálpito de un corazón entumecido, a la espera de una muerte que no llega.

Aceptar el reto…

Abrir los ojos y respirar.

Trascender el momento.

No ser ya de la misma forma.

Avanzar, sin mirar atrás.

Despojarse de la piel y vestirse de sueño, por fin.

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Fuel to fire

Esta es la música que discurre imparable por mi cerebro últimamente, lo inunda con palabras que luego palpitarán en páginas escritas. Es la melodía que me envuelve mientras camino, mientras observo el mundo, mientras nado, mientras te miro… La banda sonora que me define y me vertebra. Una gozada, tanto la canción (con esa voz delicada y poderosa) como el vídeo.  

Agnes Obel, Fuel to Fire

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Anatomía de una melodía 

Intento comprender el efecto de la música sobre mí. Pruebo a escuchar una de mis piezas favoritas desde cierta distancia, para ver si consigo que no me afecte como siempre; para saber si puedo mantener las emociones al margen, tras un muro de indiferencia que me permita disfrutar de la canción desnuda.Y parece que lo consigo. Las notas del piano me erizan ligeramente la piel sin que ningún rostro asociado al ayer se cruce ante mí y, aunque el corazón palpita más rápido de lo habitual, aún lo hace con el tic tac predecible. 

Ilusa. 

Cuando creo que todo está bajo control, desde algún rincón secreto del alma, desde un escondite polvoriento, asoma un germen de memoria que ha conseguido escapar al lazo de la indiferencia. Las notas, traviesas, cargadas de sentimiento, se embarcan en mi sangre y el corazón no da abasto para bombearla toda. Con las pupilas ya dilatadas y la respiración acelerándose siento una fuerza que me impulsa hacia el borde del precipicio. No queda otro remedio que saltar y emprender el vuelo.

Las lágrimas, antes a buen recaudo, logran colarse por entre unos párpados que se negaban a dejarlas salir. Imágenes cargadas de recuerdos transitan ante mí sin que pueda, sin que quiera, ignorarlas. Ya no. 

Imposible escapar de la magia de la música. Suya soy y ella mía es. 


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