Celsius 232: contra viento y pandemia

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El Celsius 232 del 2020 ha sido un festival atípico y un reto para los organizadores, que han hecho un esfuerzo titánico. Mascarillas, gel, guantes, mamparas, códigos QR y formularios que aseguraban la trazabilidad de los asistentes a cada acto, flechitas que nos orientaban como un faro hacia tierra firme… todo en aras de crear un espacio seguro para que pudiéramos disfrutar del evento anual celebrado en Avilés.

En el año de la pandemia, Cristina Macía, Jorge Iván Argiz y Diego García Cruz, junto con toda una cohorte de magníficos colaboradores, han conseguido que escapemos del temor y el tedio de los últimos meses. Todos ellos tienen, más que nunca, mi respeto y agradecimiento y seguro que el de los cientos de asistentes a cada presentación, taller o encuentro.

La perspectiva de acudir a un evento de estas características, con los tiempos que corren, se antojaba un tanto atrevida. Sin embargo, escritores y aficionados a la fantasía, la ciencia ficción y el terror lo hemos hecho. Y ha sido una estupenda decisión, no solo por el innegable encanto de reencontrarse con amigos y camaradas y por las posibles ventas, sino por algo aún más importante: el anhelo de seguir adelante, de plantarle cara al miedo e inyectarle un poco de ficción a esta realidad implacable que tantas vidas ha destruido. No ha sido osadía; ha sido necesidad de ver como la vida sigue fluyendo, con todas las precauciones, pero con paso firme.

A título personal, lo mejor han sido los reencuentros con amigos y compañeros escritores y las charlas con los futuros lectores que se han llevado alguna de mis novelas. Este Celsius 232 ha sido especial también porque he presentado mi segunda obra, “Muerte, tú morirás”, de la que os hablaré con calma más adelante. También hemos presentado la colección “Donde las hadas no se aventuran”, a la que he contribuido con una versión muy oscura de Griselda, un cuento de hadas que puede que, más que incitar a dormir, provoque pesadillas. Os recordaré esta antología pronto, porque merece la pena detenerse en la bellísima edición que ha creado Apache Libros.

Asimismo, me causó mucha alegría comprobar que “El Sendero de la Palabra” sigue cosechando nuevos lectores en busca de esa Irlanda de ensueño, en la que seguro muchos querríamos perdernos ahora mismo.

Así pues, con un balance tan positivo, me llevo el recuerdo de un Celsius 232 diferente, pero memorable. Como siempre, ya estoy deseando que llegue la edición del próximo año (cuando el festival cumple su décimo aniversario) sin mascarillas. Ojalá.

 

 

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