Sueño

Cuando la oscuridad cubre sus ojos, la luz invade su mente y comienza a recrear escenas que la arrastran de vuelta a la vigilia. Se le ocurre que debería existir un botón de desconexión para el pensamiento. Tras dar mil vueltas llega la revelación: arriesgaría toda la eternidad por apoyar una vez más la espalda en su pecho y sentir cerca su calor, su olor. Por notar ese aliento tibio en la nuca y empaparse de su aroma a alma conocida, de su calidez carente de palabras. El mundo sucumbiría al olvido y el peligro del abismo se pospondría aunque solo fuera un poco más. Y dormiría, por fin, seis, ocho, diez horas seguidas, sin pesadillas. Quizá de esa forma sería capaz de retornar a sí misma, a quien era antes de aquel tiempo oculto tras un recodo en la memoria. Y durante esas horas robadas a la muerte convergerían pasado, presente y futuro bajo el hechizo del sueño. Solo así podría abandonarse en manos de la noche con una sonrisa en los labios.
Photo credit: Raul Garré via Foter.com / CC BY-NC18033463_1403300433079796_2744361927203591974_n

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